- Antonio Machado
- Dámaso Alonso
- Federico García Lorca (seleccionado)
- Francisco de Quevedo (seleccionado)
- Francisco Villaespesa
- Gabriel Celaya
- Garcilaso de la Vega
- Gloria Fuertes
- Gustavo Adolfo Bécquer
- José Agustín Goytisolo
- Juan de Timoneda
- Juan del Encina
- Juan Ramón Jiménez
- León Felipe
- Lope de Vega
- Luis Cernuda
- Luis de Góngora y Argote
- Luis Rosales
- Miguel Hernández
- Ramón María del Valle Inclán
- Rafael Alberti
- Rafael de León
- Ramón de Campoamor
- Rosalía de Castro
- Salvador Rueda
- San Juan de la Cruz
- Santa Teresa de Jesús (seleccionada)
- Vicente Aleixandre
- Vicente Espinel
- Leopoldo Panero
- Juan Panero
- Luis Felipe Vivanco
- José Antonio Muñoz Rojas
- Rafael Duyos
- Arturo Serrano Plaja
- Blas de Otero
- Juan Gil-Albert
- Nicolás del Hierro
- Manuel Altolaguirre
- Jorge Guillén
- Pedro Salinas
jueves, 17 de enero de 2013
POETAS ESPAÑOLES
jueves, 1 de noviembre de 2012
EL ESPAÑOL EN AMÉRICA
EL ESPAÑOL EN
AMÉRICA
JESÚS SÁNCHEZ
LOBATO
Universidad
Complutense de Madrid
INTRODUCCIÓN
Es habitual entre filólogos denominar «español de
América» o «español atlántico» a la lengua española que, por razones
históricas, geográficas y culturales, se asentó en los territorios americanos
de las colonias para diferenciarla, por las causas antes aludidas, del español
de la metrópoli antaño, del español peninsular en la actualidad, sobre todo a
partir de su independencia de España y de su proclamación como Estados
soberanos. La coiné que
representa en el momento presente la lengua española como sistema puede ser
estudiada y analizada tanto desde la perspectiva diastrática como desde la perspectiva diatópica en ambos mundos, sin que por ello encontremos sistemas de
comunicación diferentes. Se trata del mismo sistema de comunicación, en
especial, en la manifestación escrita del lenguaje. «(...) Ninguna lengua viva
y usada por los hombres permanece inalterada a través de los siglos, ni
siquiera de los años. Esencial es al lenguaje para vivir el cambiar; el cambiar
es constitutivo de su funcionamiento, como instrumento que es a la vez de
comunicación social y de expresión individual»[i].
La lengua española en América es lengua oficial
en dieciocho repúblicas independientes (México, Guatemala, Honduras, Nicaragua,
El Salvador, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Panamá, Venezuela,
Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay), en
Puerto Rico, Estado asociado a Estados Unidos, y, asimismo, la lengua española
es vehículo de comunicación entre la minoría de origen hispano en Estados
Unidos.
Podemos afirmar que la pujanza del español como
sistema de comunicación se halla en el continente americano si atendemos
principalmente a su realidad demográfica. En la actualidad, son más de trescientos
millones de personas las que se sirven del español en América para cifrar y
descifrar el mundo que les ha tocado vivir, para soñar, reír y llorar en el día
a día; para amar y morir entre quienes les han visto nacer y crecer. En
definitiva, el peso del español en el mundo se ha trasladado del país que lo
acunó —España— a los diferentes países americanos que lo eligieron como idioma
nacional definitivamente unido al grito de independencia[ii].
La lengua española, en su vasta geografía actual,
presenta diversos tonos, diferentes acentos, unos más acentuados que otros
—cierto es—, pero todos los hablantes de español —no importa su origen—,
absolutamente todos, cantamos la misma canción.
En el mundo de habla hispana las nacionalidades, con
sus peculiaridades culturales, sociales e históricas, ofrecen plurales hábitos
lingüísticos entre sí, variedad de tonos y de acentos, pero siempre desde la
misma melodía. En la sinfonía de lo hispánico tienen cabida múltiples notas.
Somos capaces de reconocernos y de comprendernos allá donde nos encontremos. La
lengua, y su realidad dialectal, se está equilibrando y regulando: el fenómeno
de la urbanización, es decir, el corrimiento migratorio del siglo xx —sobre
todo a partir de su segunda mitad— hacia las ciudades de un lado y de otro, el
enorme influjo de los poderosos medios de comunicación: prensa, radio y
televisión, tamizan matices y expanden usos y modas, tanto sociales, culturales
como lingüísticos, a los cuatro vientos.
Conviene, sin embargo, precisar que siempre
permanecerán en la pluralidad de nacionalidades que conformamos el mundo
hispánico, usos, modismos, neologismos, etc., singulares y peculiares como
elementos inherentes y característicos de la forma de ser de nuestros pueblos.
EL ESPAÑOL DE AMÉRICA
El español de América no responde a una uniformidad
idiomática, al igual que el español de España, sino que entre los diversos
usuarios del idioma podemos reconocer sus diversidades, en primer lugar, nacionales
y posteriormente diatópicas y diastráticas. No por ello podemos hablar de una coiné
en su conjunto distinta de la que pueda presentar el español peninsular, ya
que en la Península coexisten, entre otras, claramente diferenciadas dos
subnormas: la castellana y la andaluza.
En la actualidad, y desde el registro estándar,
asimilado a la norma de cultura, la lengua que fluye de la pluma de los
Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa, Miguel Ángel Asturias, Neruda, Borges,
Octavio Paz, etc., salvo en el léxico, tratamientos pronominales, no presenta
graves disfunciones respecto de la que fluye de la pluma de los Cela, Delibes,
Alberti, García Lorca, Blas de Otero, A. Zamora, F. Umbral, etc. El sistema
lingüístico del español sirve de cauce de expresión y de comunicación, es
plenamente válido para comunicarse, desde la norma culta, tanto a españoles
como a hispanoamericanos sin esfuerzo alguno.
La expresión español de América agrupa matices
muy diversos: no es igual el habla cubana que la argentina, ni la de un
mejicano a la de un chileno... Pero, aunque no exista uniformidad lingüística
en Hispanoamérica (debido, sobre todo, al sustrato indígena que los españoles
encontraron: quechua, náhuatl, guaraní...), la impresión de comunidad general
no está injustificada: sus variedades lingüísticas (aquellas que se separan de
la norma culta) tanto desde la perspectiva diastrática (variables socioculturales)
como desde la perspectiva diatópica (variantes geográficas y dialectales) son
menos discordantes entre sí que los dialectalismos peninsulares, y poseen, por
motivos obvios, menor arraigo histórico en Hispanoamérica.
Al hablar del español en América estamos hablando de
una lengua de comunicación —como ya se ha señalado— que aglutina a veinte
naciones independientes.
«La lengua española sigue siendo el sistema
lingüístico de comunicación común a veinte naciones, no obstante las
particulares diferencias —léxicas, fonéticas y, en menor grado,
morfosintácticas— que esmaltan el uso en unas y otras. Diferencias que se producen
entre todos esos países, sin permitirnos establecer dos grandes modalidades
bien contrastadas —española y americana—, por cuanto que, además, existe mayor
afinidad entre algunas modalidades americanas y españolas que entre ciertas
modalidades hispanoamericanas entre sí»[iii].
En el sistema lingüístico que responde a la coiné de
español coexisten dos sistemas fonológicos esencialmente que presentan
identidad propia y son perfectamente reconocibles allá en donde se encuentren:
el denominado castellano y el andaluz.
«Entendemos por español americano una entidad que se
puede definir geográfica e históricamente. Es decir, es el conjunto de
variedades dialectales del español habladas en América, que comportan una
historia común, por tratarse de una lengua trasplantada a partir del proceso de
conquista y colonización del territorio americano. Esto no implica desconocer
el carácter complejo y variado de este proceso y sus repercusiones
lingüísticas, dado que debemos diferenciar las regiones de poblamiento temprano
(las Antillas, Panamá y México, por ejemplo) de otras de poblamiento más tardío
(Río de la Plata en general y Uruguay en particular); las regiones de
poblamiento directo a partir de España, de las de expansión americana, etc.»[iv].
LA BASE DEL
ESPAÑOL DE AMÉRICA
Sin entrar a analizar las principales líneas de
investigación que rechazan la base lingüística andaluza para el español de
América (Pedro Henríquez Ureña, Amado Alonso, entre otros), frente a quienes
postulan la base andalucista para el español de América (M. L. Wagner, R. M.
Pidal, entre otros), aparte de otros postulados equidistantes de ambas, sí
conviene, cuando menos, adherirse al pensamiento de G. Salvador al respecto:
«(...) El andalucismo del español de América, que yo llamaría con más precisión
sevillanismo, me parece incontrovertible en lo que respecta al seseo,
que se extiende a todo el español ultramarino y que tiene su origen en esa
especie de filtro que representa la norma sevillana para el español
trasplantado al Nuevo Mundo y a las Islas en los primeros tiempos de la
conquista»[v].
Por obvio, no es menos cierto que el español de
América es una lengua extendida por la colonización; y ésta se inició cuando el
idioma había consolidado sus caracteres esenciales y se hallaba próximo a la madurez,
sin por ello prejuzgar el enorme peso de la norma toledana frente a la andaluza
en aquel entonces.
La base de la lengua que los españoles llevaron a
América respondía a la manifestación hablada (y escrita) de la que los
emigrantes eran portadores de acuerdo con la base social de la que provenían.
Por ello, en las zonas de las colonias, aparte del elemento lingüístico
indígena, importante sin lugar a dudas, hemos de tener en cuenta para estudiar
mejor las áreas lingüísticas el componente socio-cultural de los emigrantes y
su legalización geográfica originaria. No es una lengua muerta, sino viva en
sus labios y respondía esencialmente a la coiné que ellos practicaban.
En palabras de A. Alonso: «La verdadera base fue la nivelación realizada por
todos los expedicionarios en sus oleadas sucesivas durante todo el siglo xvi»[vi].
Para el colombiano Rufino José Cuervo (1844-1911), los
rasgos definitorios del español de América son el vulgarismo, una notable
representación de dialectalismos peninsulares y una marcada tendencia
arcaizante.
Asimismo, en palabras de Antonio Garrido Domínguez[vii], también hizo suyo desde
postulados lingüísticos el vaticinio político de A. Bello de la posible fragmentación
del español, como ya ocurriera en su momento con la lengua latina.
Uno y otro punto de vista de Rufino José Cuervo han
constituido el punto de partida —que no de llegada— de dos de los aspectos más
polémicos del español en América. Tanto es así que es imposible abordar los
orígenes del español en América y el español en el mundo actual sin acudir a
los puntos de vista de Rufino José Cuervo, pese a que en el día de hoy tenemos
nuevos puntos de vista para terciar en dichas polémicas. Sobre el futuro de la
lengua española aún existen voces que insisten en la posible fragmentación si
no se utilizan los medios adecuados; en palabras de F. Lázaro: «No existe
garantía plena de que el futuro de la lengua esté asegurado y es necesario
observar el máximo respeto hacia las normas gramaticales.»
Argentina: 31.030.000; Bolivia: 6.611.000; Colombia:
28.231.000; Costa Rica: 2.569.000;
Cuba: 10.246.000; Chile: 12.431.000; Ecuador:
9.577.000; El Salvador: 5.403.000; Guatemala:
6.917.000; Honduras: 4.514.000; México: 79.563.000;
Nicaragua: 3.385.000; Panamá: 2.227.254;
Paraguay: 3.531.000; Puerto Rico: 3.300.000; Perú:
20.207.000; República Dominicana: 6.560.000;
Uruguay: 3.035.000; Estados Unidos:
19.500.000; Venezuela: 19.500.000.
de Gran Canaria, 1981, págs. 3S1-3S9.
págs. 68-83.
[vii]Garrido
Domínguez, Antonio, Los orígenes del español de América, Mapfre, Madrid,
1992,
págs. 14 y 37.
Documento electrónico tomado de: cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/asele/pdf/04/04_0553.pdf
lunes, 22 de octubre de 2012
El Cid Campeador. Versión de Pedro Salinas
1.
Lea el texto y haga un resumen de la historia que en él se narra:
Versión actualizada de PEDRO SALINAS
El Cid sale de Vivar, a Burgos va encaminado,
allí deja sus palacios yermos y desheredados.
Los ojos de Mío Cid mucho llanto van llorando
hacia atrás vuelve la vista y se quedaba mirándolos.
Vio cómo estaban las puertas abiertas y sin candados,
vacías quedaban las perchas ni con pieles ni con mantos,
sin halcones de cazar y sin azores mudados.
Suspira el Cid porque va de pesadumbre cargado.
Y habló, como siempre habla, tan justo y tan mesurado:
«¡Bendito seas Dios mío, Padre que estás en lo alto!
Contra mí tramaron esto mis enemigos malvados.»
allí deja sus palacios yermos y desheredados.
Los ojos de Mío Cid mucho llanto van llorando
hacia atrás vuelve la vista y se quedaba mirándolos.
Vio cómo estaban las puertas abiertas y sin candados,
vacías quedaban las perchas ni con pieles ni con mantos,
sin halcones de cazar y sin azores mudados.
Suspira el Cid porque va de pesadumbre cargado.
Y habló, como siempre habla, tan justo y tan mesurado:
«¡Bendito seas Dios mío, Padre que estás en lo alto!
Contra mí tramaron esto mis enemigos malvados.»
Ya aguijan a los caballos, ya les soltaron las riendas.
Cuando salen de Vivar ven la corneja a la diestra,
pero al ir a entrar en Burgos la llevaban a su izquierda.
Movió Mío Cid los hombros y sacudió la cabeza
«¡Ánimo, Alvar Fáñez, ánimo, de nuestra tierra nos echan,
pero cargados de honra hemos de volver a ella!»
Cuando salen de Vivar ven la corneja a la diestra,
pero al ir a entrar en Burgos la llevaban a su izquierda.
Movió Mío Cid los hombros y sacudió la cabeza
«¡Ánimo, Alvar Fáñez, ánimo, de nuestra tierra nos echan,
pero cargados de honra hemos de volver a ella!»
Ya por la ciudad de Burgos el Cid Ruy Díaz entró.
Sesenta pendones lleva detrás el Campeador.
Todos salían a verle, niño, mujer y varón,
a las ventanas de Burgos mucha gente se asomó.
¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!
Y de los labios de todos sale la misma razón:
«¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!»
Sesenta pendones lleva detrás el Campeador.
Todos salían a verle, niño, mujer y varón,
a las ventanas de Burgos mucha gente se asomó.
¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!
Y de los labios de todos sale la misma razón:
«¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!»
De grado le albergarían, pero ninguno lo osaba,
que a Ruy Díaz de Vivar le tiene el rey mucha saña.
La noche pasada a Burgos llevaron una real carta
con severas prevenciones y fuertemente sellada
mandando que a Mío Cid nadie le diese posada,
que si alguno se la da sepa lo que le esperaba:
sus haberes perdería, más los ojos de la cara,
y además se perdería salvación de cuerpo y alma.
Gran dolor tienen en Burgos todas las gentes cristianas,
de Mío Cid se escondían: no pueden decirle nada.
Se dirige Mío Cid adonde siempre paraba;
cuando a la puerta llegó se la encuentra bien cerrada.
por miedo del rey Alfonso acordaron los de casa
que como el Cid no la rompa no se la abrirán por nada.
La gente de Mío Cid a grandes voces llamaba,
los de dentro no querían contestar una palabra.
Mío Cid picó el caballo, a la puerta se acercaba,
el pie sacó del estribo, y con él gran golpe daba,
pero no se abrió la puerta que estaba muy bien cerrada.
La niña de nueve años muy cerca del Cid se para
«Campeador que en bendita hora ceñiste la espada
el rey lo ha vedado, anoche a Burgos llegó su carta,
con severas prevenciones y fuertemente sellada.
No nos atrevemos, Cid, a darte asilo por nada,
porque si no perderíamos los haberes y las casas,
perderíamos también los ojos de nuestras caras.
Cid, en el mal de nosotros vos no vais ganando nada.
Seguid y que os proteja Dios con sus virtudes santas.»
Esto lo dijo la niña y se volvió hacia su casa.
Bien claro ha visto Ruy Díaz que del rey no espere gracia.
De allí se aparta, por Burgos a buen paso atravesaba,
a Santa María llega, del caballo descabalga
las rodillas hinca en tierra y de corazón rogaba.
Cuando acabó su oración el Cid otra vez cabalga
de las murallas salió, el río Arlanzón cruzaba.
Junto a Burgos, esa villa, en el arenal posaba,
las tiendas mandó plantar y del caballo se baja.
Mío Cid el de Vivar que en buen hora ciñó espada,
en un arenal posó, que nadie le abre su casa.
que a Ruy Díaz de Vivar le tiene el rey mucha saña.
La noche pasada a Burgos llevaron una real carta
con severas prevenciones y fuertemente sellada
mandando que a Mío Cid nadie le diese posada,
que si alguno se la da sepa lo que le esperaba:
sus haberes perdería, más los ojos de la cara,
y además se perdería salvación de cuerpo y alma.
Gran dolor tienen en Burgos todas las gentes cristianas,
de Mío Cid se escondían: no pueden decirle nada.
Se dirige Mío Cid adonde siempre paraba;
cuando a la puerta llegó se la encuentra bien cerrada.
por miedo del rey Alfonso acordaron los de casa
que como el Cid no la rompa no se la abrirán por nada.
La gente de Mío Cid a grandes voces llamaba,
los de dentro no querían contestar una palabra.
Mío Cid picó el caballo, a la puerta se acercaba,
el pie sacó del estribo, y con él gran golpe daba,
pero no se abrió la puerta que estaba muy bien cerrada.
La niña de nueve años muy cerca del Cid se para
«Campeador que en bendita hora ceñiste la espada
el rey lo ha vedado, anoche a Burgos llegó su carta,
con severas prevenciones y fuertemente sellada.
No nos atrevemos, Cid, a darte asilo por nada,
porque si no perderíamos los haberes y las casas,
perderíamos también los ojos de nuestras caras.
Cid, en el mal de nosotros vos no vais ganando nada.
Seguid y que os proteja Dios con sus virtudes santas.»
Esto lo dijo la niña y se volvió hacia su casa.
Bien claro ha visto Ruy Díaz que del rey no espere gracia.
De allí se aparta, por Burgos a buen paso atravesaba,
a Santa María llega, del caballo descabalga
las rodillas hinca en tierra y de corazón rogaba.
Cuando acabó su oración el Cid otra vez cabalga
de las murallas salió, el río Arlanzón cruzaba.
Junto a Burgos, esa villa, en el arenal posaba,
las tiendas mandó plantar y del caballo se baja.
Mío Cid el de Vivar que en buen hora ciñó espada,
en un arenal posó, que nadie le abre su casa.
Del caballo se ha apeado allí en la puerta exterior;
el Cid con todos los suyos con gran dignidad entró,
él iba en medio de todos y los ciento alrededor.
Al ver entrar en la corte al que en buenhora nació,
el rey Alfonso, que estaba sentado, se levantó;
y aquel conde Don Enrique y aquel conde Don Ramón
y los demás de la corte hacen como su señor,
con gran honra recibieron al que en buenhora nació.
No se quiso levantar ese conde de Grañón
ni aquellos otros que formaban el partido de Carrión.
Al Cid el rey Don Alfonso de las manos le cogió:
«Sentaos aquí conmigo, Ruy Díaz Campeador,
aquí en este mismo escaño de que vos me hicisteis don,
aunque a algunos pese, más que nosotros valéis vos.»
Gracias le da muy rendidas el que Valencia ganó:
«Sentaos en vuestro escaño que vos sois rey y señor,
aquí a un lado con los míos deseo quedarme yo.»
Lo que dijo el Cid al rey le place de corazón.
En escaño torneado ya Mío Cid se sentó,
esos ciento que le guardan se ponen alrededor.
Todos los que hay en la corte miran al Campeador,
y aquellas barbas tan luengas cogidas con el cordón;
bien se le ve en la apostura que es cumplido varón.
De vergüenza no podían mirarle los de Carrión.
el Cid con todos los suyos con gran dignidad entró,
él iba en medio de todos y los ciento alrededor.
Al ver entrar en la corte al que en buenhora nació,
el rey Alfonso, que estaba sentado, se levantó;
y aquel conde Don Enrique y aquel conde Don Ramón
y los demás de la corte hacen como su señor,
con gran honra recibieron al que en buenhora nació.
No se quiso levantar ese conde de Grañón
ni aquellos otros que formaban el partido de Carrión.
Al Cid el rey Don Alfonso de las manos le cogió:
«Sentaos aquí conmigo, Ruy Díaz Campeador,
aquí en este mismo escaño de que vos me hicisteis don,
aunque a algunos pese, más que nosotros valéis vos.»
Gracias le da muy rendidas el que Valencia ganó:
«Sentaos en vuestro escaño que vos sois rey y señor,
aquí a un lado con los míos deseo quedarme yo.»
Lo que dijo el Cid al rey le place de corazón.
En escaño torneado ya Mío Cid se sentó,
esos ciento que le guardan se ponen alrededor.
Todos los que hay en la corte miran al Campeador,
y aquellas barbas tan luengas cogidas con el cordón;
bien se le ve en la apostura que es cumplido varón.
De vergüenza no podían mirarle los de Carrión.
Apenas han acabado de hablar de aquella cuestión
entraron dos caballeros, toda la corte los vio:
Ojarra, Íñigo Jiménez son los nombres de los dos.
El infante de Navarra al primero le envió,
el otro era un enviado del infante de Aragón.
Besaron las manos al rey de Castilla y de León,
y en nombre de los infantes pídenle al Campeador
sus hijas para ser reinas en Navarra y Aragón,
por esposas las querían, tiénenlo por gran honor.
Cuando acabaron, la corte escuchando se quedó.
Allí entonces se levanta Mío Cid Campeador:
«Merced, merced, rey Alfonso, vos sois mi rey y señor.
Esto que ahora pasa mucho lo agradezco al Creador,
que a mis hijas me las piden de Navarra y de Aragón.
Vos, rey Alfonso, a mis hijas las casasteis, que yo no,
en vuestras manos, oh rey, vuelvo a poner a las dos;
sin vuestro mandato, rey honrado, nada haré yo.»
Se levanta el rey y a todos que se callaran mandó.
«Os ruego, Cid de Vivar, prudente Campeador
que aceptéis el casamiento y quiero otorgarlo yo.
Que queden en estas cortes arregladas ya las dos
bodas, que os han de dar, Mío Cid, tierra y honor.
Levantóse Mío Cid, al rey las manos besó:
«Si a vos os agrada así, yo lo concedo, señor.»
Entonces contesta el rey: «Dios os dé buen galardón.
Ojarra, Íñigo Jiménez, escuchadme bien los dos:
en honrado casamiento ahora os otorgo yo
las hijas de Mío Cid, Doña Elvira y Doña Sol
para aquellos dos infantes de Navarra y Aragón,
que sus mujeres legítimas las hagan con todo honor.»
Allí Ojarra se levanta, la mano del rey besó,
Íñigo Jiménez hace lo mismo y luego los dos
besaron las de Rodrigo Díaz el Campeador.
Ya están hechas las promesas, juramentos dados son
de que todo se ha de hacer cual se ha dicho o aún mejor.
De los que había en la corte mucha gente se alegró,
pero no estaban contentos los infantes de Carrión.
El buen Minaya Alvar Fáñez entonces se levantó:
«Merced yo os pido ahora, como a mi rey y señor.
Y no le pese que hable a Mío Cid Campeador
que en estas cortes a todos he oído decir su razón,
y ahora quisiera decir esta que he pensado yo.»
A eso le contesta el rey: «Pláceme de corazón,
ya podéis hablar, Minaya, lo que os cuadre mejor.»
«A la corte yo la pido que me oiga con atención:
muy gran queja tengo de los infantes de Carrión.
En nombre del rey Alfonso mis dos primas les di yo,
por esposas las tomaron, esposas por bendición,
grandes riquezas les dio Mío Cid Campeador,
ellos las abandonaron, con todo nuestro dolor.
Por malos y por traidores ahora aquí os reto yo.
De la familia de los Vani-Gómez sois los dos,
de ese linaje salieron condes de prez y valor,
mas bien sabemos que hoy de muy malas mañas son.
Muy agradecido estoy a nuestro Dios Creador,
porque piden a mis primas Doña Elvira y Doña Sol
para esposas los infantes de Navarra y Aragón.
Como mujeres legítimas las teníais antes vos,
ahora besaréis las manos, cual señoras, a las dos
y las tendréis que servir mal que os pese el corazón.
Loado sea el rey Alfonso, alabado el Creador,
que así va creciendo en honra Mío Cid Campeador.
¡Qué grandes eran los gozos en Valencia la mayor,
por honrados que quedaron los tres del Campeador!
La barba se acariciaba Don Rodrigo, su señor:
«Gracias al rey de los cielos mis hijas vengadas son,
ya están limpias de la afrenta esas tierras de Carrión.
Casaré, pese a quien pese, ya sin vergüenza a las dos.»
Ya comenzaron los tratos con Navarra y Aragón,
y todos tuvieron junta con Alfonso, el de León.
Sus casamientos hicieron Doña Elvira y Doña Sol,
los primeros fueron grandes pero estos son aún mejor,
y a mayor honra se casan que con esos de Carrión.
Ved cómo crece en honores el que en buenhora nació,
que son sus hijas señoras de Navarra y Aragón.
Esos dos reyes de España ya parientes suyos son,
y a todos les toca honra por el Cid Campeador.
Pasó de este mundo el Cid, el que a Valencia ganó:
en días de Pascua ha muerto, Cristo le dé su perdón.
También perdone a nosotros, al justo y al pecador.
Estas fueron las hazañas de Mío Cid Campeador:
en legando a este lugar se ha acabado esta canción.
entraron dos caballeros, toda la corte los vio:
Ojarra, Íñigo Jiménez son los nombres de los dos.
El infante de Navarra al primero le envió,
el otro era un enviado del infante de Aragón.
Besaron las manos al rey de Castilla y de León,
y en nombre de los infantes pídenle al Campeador
sus hijas para ser reinas en Navarra y Aragón,
por esposas las querían, tiénenlo por gran honor.
Cuando acabaron, la corte escuchando se quedó.
Allí entonces se levanta Mío Cid Campeador:
«Merced, merced, rey Alfonso, vos sois mi rey y señor.
Esto que ahora pasa mucho lo agradezco al Creador,
que a mis hijas me las piden de Navarra y de Aragón.
Vos, rey Alfonso, a mis hijas las casasteis, que yo no,
en vuestras manos, oh rey, vuelvo a poner a las dos;
sin vuestro mandato, rey honrado, nada haré yo.»
Se levanta el rey y a todos que se callaran mandó.
«Os ruego, Cid de Vivar, prudente Campeador
que aceptéis el casamiento y quiero otorgarlo yo.
Que queden en estas cortes arregladas ya las dos
bodas, que os han de dar, Mío Cid, tierra y honor.
Levantóse Mío Cid, al rey las manos besó:
«Si a vos os agrada así, yo lo concedo, señor.»
Entonces contesta el rey: «Dios os dé buen galardón.
Ojarra, Íñigo Jiménez, escuchadme bien los dos:
en honrado casamiento ahora os otorgo yo
las hijas de Mío Cid, Doña Elvira y Doña Sol
para aquellos dos infantes de Navarra y Aragón,
que sus mujeres legítimas las hagan con todo honor.»
Allí Ojarra se levanta, la mano del rey besó,
Íñigo Jiménez hace lo mismo y luego los dos
besaron las de Rodrigo Díaz el Campeador.
Ya están hechas las promesas, juramentos dados son
de que todo se ha de hacer cual se ha dicho o aún mejor.
De los que había en la corte mucha gente se alegró,
pero no estaban contentos los infantes de Carrión.
El buen Minaya Alvar Fáñez entonces se levantó:
«Merced yo os pido ahora, como a mi rey y señor.
Y no le pese que hable a Mío Cid Campeador
que en estas cortes a todos he oído decir su razón,
y ahora quisiera decir esta que he pensado yo.»
A eso le contesta el rey: «Pláceme de corazón,
ya podéis hablar, Minaya, lo que os cuadre mejor.»
«A la corte yo la pido que me oiga con atención:
muy gran queja tengo de los infantes de Carrión.
En nombre del rey Alfonso mis dos primas les di yo,
por esposas las tomaron, esposas por bendición,
grandes riquezas les dio Mío Cid Campeador,
ellos las abandonaron, con todo nuestro dolor.
Por malos y por traidores ahora aquí os reto yo.
De la familia de los Vani-Gómez sois los dos,
de ese linaje salieron condes de prez y valor,
mas bien sabemos que hoy de muy malas mañas son.
Muy agradecido estoy a nuestro Dios Creador,
porque piden a mis primas Doña Elvira y Doña Sol
para esposas los infantes de Navarra y Aragón.
Como mujeres legítimas las teníais antes vos,
ahora besaréis las manos, cual señoras, a las dos
y las tendréis que servir mal que os pese el corazón.
Loado sea el rey Alfonso, alabado el Creador,
que así va creciendo en honra Mío Cid Campeador.
¡Qué grandes eran los gozos en Valencia la mayor,
por honrados que quedaron los tres del Campeador!
La barba se acariciaba Don Rodrigo, su señor:
«Gracias al rey de los cielos mis hijas vengadas son,
ya están limpias de la afrenta esas tierras de Carrión.
Casaré, pese a quien pese, ya sin vergüenza a las dos.»
Ya comenzaron los tratos con Navarra y Aragón,
y todos tuvieron junta con Alfonso, el de León.
Sus casamientos hicieron Doña Elvira y Doña Sol,
los primeros fueron grandes pero estos son aún mejor,
y a mayor honra se casan que con esos de Carrión.
Ved cómo crece en honores el que en buenhora nació,
que son sus hijas señoras de Navarra y Aragón.
Esos dos reyes de España ya parientes suyos son,
y a todos les toca honra por el Cid Campeador.
Pasó de este mundo el Cid, el que a Valencia ganó:
en días de Pascua ha muerto, Cristo le dé su perdón.
También perdone a nosotros, al justo y al pecador.
Estas fueron las hazañas de Mío Cid Campeador:
en legando a este lugar se ha acabado esta canción.
martes, 16 de octubre de 2012
LA RESEÑA
ETAPAS PARA LA ELABORACIÓN DE LA RESEÑA
Una vez respondidas todas las preguntas previas a la elaboración
de la reseña, comienza la redacción:
-
Encabezamiento:
Constituido por la ficha bibliográfica de la obra
reseñada: Nombre del Autor. (año). Título
de la obra. Ciudad: Casa editorial.
- Presentación de la obra:
En esta parte se informa qué clase de obra es,
en qué partes está dividida, cuáles han sido las formas de elaboración (tiempo,
narrador, lenguaje…), a qué época o periodo literario pertenece. Generalmente
se encabeza con los datos de presentación del autor del texto reseñado.
- Resumen de las partes esenciales del texto:
Contenido de los distintos capítulos o diferentes partes del escrito, temas y subtemas que se identifican.
Contenido de los distintos capítulos o diferentes partes del escrito, temas y subtemas que se identifican.
-
Valoración del texto reseñado, atendiendo a su contenido y a la
forma como está expresado.
En esta parte se debe resaltar el valor de la obra y sus aportes a la literatura o a la época literaria a la que pertenece el autor.
En esta parte se debe resaltar el valor de la obra y sus aportes a la literatura o a la época literaria a la que pertenece el autor.
- ü Recuerde citar fragmentos de la obra para apoyar sus afirmaciones.
- ü La estructura de la reseña es: Introducción – Desarrollo – Conclusión. Por lo tanto, usted debe conservar esta misma forma al elaborar su reseña.
- ü Lea atentamente las siguientes reseñas e identifique en ellas todos los elementos que contiene para que elabore la suya.
- ü Tenga en cuenta todas las respuestas que dio en el ejercicio previo.
Dos ejemplos:
Ejemplo 1
Ejemplo 1
Vargas Llosa, Mario.
(2000). La Fiesta del Chivo. Madrid: Alfaguara.
Vargas
Llosa narrando los últimos días del
dictador Rafael Leonidas Trujillo nos da una visión general de su dictadura.
Esta vista a través de tres perspectivas diferentes. La primera de estas nos la
da una mujer que arrastra un terrible dolor, Urania Cabral, hija de Agustín
“Cerebrito” Cabral, presidente del senado durante la dictadura, colaborador y
cortesano del dictador. A través de ella conocemos un grupo de personas, del
que su padre es el prototipo, muy importante en la dictadura, los burócratas
civiles. Este grupo descrito como:
“preparados, cabezas del país,... sensibles, cultos” (p.75), eran escogidos y utilizados por el
dictador para diversos fines, tales como
administrar sus bienes (p. 151) o legitimar las necesidades del régimen
(p.150). Ellos tenían una lealtad y una
devoción por Trujillo que llegaban a extremos absurdos. Competían y conspiraban entre sí (p.232) para
estar mas cerca de él. Lo veían como el amo de sus vidas, un rey divino que les
hacía un gran favor al permitirles estar a su lado. Por él eran capaces de
cualquier sacrificio incluso ofrecerle lo más querido como ofrenda, sus esposas
(p.74). El ejemplo más extremo lo ofrece la misma Urania que nos narra a través de la obra cómo
su padre caído en desgracia ante los ojos del dictador, no vacila en ofrecer a
su hija a cambio de volver a estar en los círculos íntimos de este. Es como un
Abraham bíblico que ofrece lo más valioso: su única hija en sacrificio a su
Dios. De esta forma Vargas Llosa hace
patente una idea; la divinización de Trujillo. A este, desde los sectores más
cercanos al régimen hasta los sectores
pobres lo perciben como un padre, un ser divino, un mesías mandado por Dios, un
elegido. La idea Dios y Trujillo (p.293) está presente en toda la obra. Otro detalle
importante de los burócratas civiles es la habilidad que tuvieron muchos de
ellos para sobrevivir al tirano y adaptarse al nuevo sistema democrático (p.
72).
La
segunda perspectiva nos la ofrecen los conspiradores que desesperados esperan a que pase el dictador
para darle muerte. Estos hombres,
Antonio de la Masa, Antonio “Tony” Imbert, Amado “Amadito” García Guerrero,
Salvador “el Turco” Estrella Sadhalá, Pedro “Negro” Livio Cedeño, Huascar
Tejada Pimentel y Roberto Pastoriza Neret tenían varias cosas en común. Eran
hombres de acción, pertenecían o estaban vinculados de alguna forma al
ejército. Por supuesto eran trujillistas
o mejor dicho eran miembros de la dictadura (este dato es importante, porque un
grupo que no estuviera vinculado a la dictadura se le hubiera hecho mucho más
difícil lograr un atentado con éxito contra Trujillo). Y lo más importante es
que por alguna desgracia personal estaban profundamente decepcionados y resentidos
contra el dictador. Tomemos por ejemplo el caso de de la Maza. El hermano de
este Tavito, piloto y trujillista acérrimo, participó en el escándalo de Jesús
Galíndez, crítico de la dictadura que fue secuestrado en Nueva York y asesinado
en Santo Domingo (p.111). Ante el ruego y la advertencia de Antonio para que
pida asilo, Tavito le responde: “Aquí no pasará nada. Aquí el jefe
manda....¿Por qué no confiar en el jefe?” (p.114). Debido a la presión internacional el régimen
asesina a Tavito y a demás testigos (p.115). Este suceso aparte de darnos la
razón por las que de la Maza odia a Trujillo también nos enseña dos aspectos de
la dictadura. El primero y como mencionábamos antes, es la total devoción de
los miembros del régimen al dictador. El
segundo es la capacidad del dictador para eliminar a sus colaboradores más
fieles cuando su seguridad está en juego.
Así como de la Maza, el resto del grupo están convencidos de que la
única forma de lograr un cambio es matando al dictador.
La tercera perspectiva y para mí es la
más fascinante es la que nos da el propio
Trujillo de su gobierno y de él mismo. Vargas Llosa entra en la psiquis
de Trujillo y trata de “desatanizarlo” y humanizarlo un poco, a la misma vez
que intenta entender su dictadura. Así nos presenta a un Trujillo orgulloso de
su físico y de ser un “marine” (p.24), obsesionado por la limpieza y la
imagen (p.38 y79), hijo fiel y atento (p.366), decepcionado por el rechazo de
EU a él, que le había sido tan fiel (p.25), furioso con su ingrato país que no
agradecía el haberlo llevado al progreso durante 30 años (p.35), pero
convencido que todo lo que hace es por el bien de este (p.227). También lo
vemos decepcionado con su familia (p. 231), en especial con sus hijos (p.33). Agobiado por las presiones de los EU y la OEA
(p.25), la iglesia católica que después de tantos años de amistad se le va en
contra (p.33) y las conspiraciones del grupo 14 de Junio (p.89), pero nunca
dispuesto a rendirse (p.96). Despreciando a otros dictadores que huyeron como
Batista, Rojas Pinillas y Pérez Jiménez (p.96) y a los líderes demócratas del
caribe que atentan contra él: “ ni Betancourt, la rata del palacio de Mira
Flores, ni Muñoz Marín, el narcómano de
Puerto Rico, ni el pistolero costarricense de Figueres lo inquietaban” (p.34).
Otros aspectos más siniestros, su racismo y su complejo de ser descendiente de
haitianos a quienes odia (p.38 y 367), su falta de remordimiento ante sus
crímenes como la masacre haitiana (p.215), la muerte de las hermanas Mirabal,
los asesinatos de Galíndez, de José
Almoida y Ramón Marrero Aristy, la represión de la oposición a quienes llama
“ratas, sapos, hienas y serpientes” (p.35 y36).
Aparte de la imagen divina de Trujillo hay otras que Vargas Llosa nos
da. Por supuesto la del título “el Chivo”,
el carácter sexual de Trujillo, su imagen de padrote, por eso es su
dolor ante la impotencia y de todos sus problemas ese es él más que le
preocupa: “Este no era un enemigo que pudiera derrotar como a esos miles que
había derrotado a lo largo de sus años. Vivía dentro de él, sangre de su
sangre. Lo estaba destruyendo ahora que necesitaba más fuerza” (p.26). Otra
imagen más importante es la de seductor, hipnotizador, su mirada que es
imposible de soportar (p. 47 y 106) que sedujo y hechizó a todo el país. Casi
al final de la historia Vargas Llosa nos dice: “poco a poco, la gente iba
perdiendo el miedo, o, más bien, rompiéndose el encantamiento que había tenido
a tantos dominicanos entregados en cuerpo y alma a Trujillo” (p.490). Un
detalle interesante es la visión que se tiene de Trujillo hoy día, la enfermera
del senador Cabral nos dice: “Sería un dictador y lo que digan, pero parece que
entonces se vivía mejor. Todos tenían trabajo y no se cometían tantos
crímenes.” (p. 128). Y como los haitianos volvieron a entrar al país: “ la
ciudad acaso el país entero se llenó de haitianos” (p.15).
Los personajes secundarios nos refuerzan esos
puntos de vista. Así vemos a un senador Henry Chirinos “el Constitucionalista
Beodo” un ejemplo de los burócratas civiles que sobrevivieron al régimen y se
acomodaron al nuevo sistema. Vemos la figura patética del general José René
“Pupo” Román paralizado por la noticia de la muerte de Trujillo e incapaz de
realizar la tarea asignada en la conspiración, dirigir un golpe de estado. Otra
figura patética la ofrece Ramfis Trujillo, el hijo del dictador, incapaz de
seguir los pasos de su padre, pero sangriento y despiadado deseoso de venganza.
La figura siniestra de Johnny Abbes, el
jefe del servicio secreto de la dictadura, está siempre presente. Frío y
calculador, desconfiando de todos, pero con una lealtad absoluta a su amo
Trujillo. Él mismo le dice a su amo: “Yo vivo por usted para usted. Si me
permite yo soy el perro guardián de usted.” (p.95).
Un personaje que adquiere importancia
casi al final de la obra es Balaguer. Es interesante como Vargas Llosa lo
presenta. Primero como lo percibe
Trujillo: “afable y diligente poeta y jurista” (p.284), “falto de ambiciones”
(p.287). Lo trata con respeto: “es el
único de mis colaboradores que nunca he tuteado” (p.288). Se atreve a llevarle
la contraria al dictador (p.304). Para Abbes es una persona digna de
desconfianza (p.99). A la muerte del dictador Balaguer adquiere una presencia
heróica. Lo vemos astuto con su trato a los familiares del dictador y
quitándole la delantera a Johnny Abbes
en la jugada por el poder (p.450, 455). Tomando su rol de presidente legal
(p.453). Valiente enfrentando a Ramfis (p.459) y a los hermanos del dictador
(p.479). Profundamente dolido con la muerte de los conspiradores y los guardias
que se supone los custodiaran (p.479). Y profundamente alegre cuando supo de la
supervivencia de algunos de ellos(p.479). A mi entender esa forma de Vargas
Llosa presentar a Balaguer un tanto valiente y sabio es porque simpatiza con
él. No hay que olvidar que tanto Vargas Llosa como Balaguer son tendencias
centro-derechistas.
Encuentro que Vargas Llosa deja
inconclusos dos temas en su obra. El primero
es que no nos dice como fue que “Cerebrito” Cabral cae en desgracia y si
Chirinos tuvo que ver en eso. Tampoco nos dice quién fue la mano amiga que
evitó que Trujillo viera el memorando sobre la salida de Urania del país
(p.283). Uno se queda con curiosidad
sobre ese tema. El segundo es que no nos explica cómo Trujillo hechiza a todo
el país. Sobre sus orígenes sólo da detalles fugaces y en ese sentido
falla en su intento de entender a la
dictadura.
Miguel Méndez Hernández
Universidad De Puerto Rico
Recinto de Río Piedras
Ejemplo 2:
Ursúa
William Ospina
Ed. Alfaguara
|
Fernando Toledo
Podría leerse como una novela histórica o, acaso, como una exploración
documental o, tal vez, como un ensayo novelado sobre la conquista española. Eso
no tiene la menor relevancia: cada lector se resolverá por el atajo que más le
convenga o, en su defecto, a transitar los diversos caminos que plantea. Los
encasillamientos son detestables. Reducir una pieza de admirable lucidez a la
categoría de novela histórica, o de narración épica, o de relato de aventuras
es, cuando menos, una simplicidad. Desde hace 400 años el Ingenioso Hidalgo
estableció la suficiente enjundia como para validar la diversidad de atisbos.
Lo que importa, a la postre, es la calidad de un libro y la primera novela de
William Ospina, matriz a su vez de una trilogía que contendrá además El país de
la canela y La serpiente sin ojos, cumple a la cabalidad con esa condición y
propone un abanico de lecturas para instituir, a lo largo de más de 450
páginas, la connivencia que debe por fuerza producirse, entre el lector y el
autor, en ese cosmos que llamamos literatura. Buena literatura, desde luego.
Desde los primeros párrafos de la narración de unos acontecimientos,
documentados con pulcritud como se anota al final, Ospina aprehende al leyente
con la eficacia de un ritmo fraguado por la arquitectura del relato. Emplea el
ardid de esgrimir como cronista, en primera persona, con un tono coloquial no
exento de un cierto barroquismo coherente con la época, a un desconocido que
repasa el periplo español y neogranadino del capitán español Pedro de Ursúa,
figura capital en la cimentación de una unidad territorial a pesar de su
arrinconamiento histórico. Las descripciones de los derredores por donde anduvo
el conquistador extienden un tapiz multicolor con tintes de leyenda que le da
una textura peculiar a la narración. En esa cadencia, llena de una poesía que
subraya el ámbito novelesco y que es consubstancial con la condición del autor,
el lenguaje juega un papel predominante. No se trata sólo del uso acertado de
unas palabras sino de la exploración de unos senderos sintácticos que, por la
aparente complejidad, recuerdan la literatura francesa al producir unas frases
ondulantes, con formidable ligazón, que le dan al relato un aire acariciador,
lo que resulta refrescante en un panorama narrativo de cierta escasez.
La exploración de lo aparente, de lo sugerido y la hondura de lo
explícito convierten a Ursúa en un juego de cajas chinas lleno de sortilegio
que, como ocurre con las grandes novelas, no puede encasillarse en un género
definido al aventajar unos compartimentos estancos establecidos con cierta
gratuidad. El trasegar del protagonista, no muy manoseado por la historia no
obstante su alcance y su relación con el entorno, admite, además, una
indagación en la naturaleza humana para conferirle también al discurso la
sutileza de un sondeo sobre la relación de la conquista, y de los
conquistadores, con el origen turbulento y con la desarticulación de una nacionalidad.
No hay duda: todos aquellos interesados en la narrativa, en el ensayo o en la
historia, por fuerza, deberían sumergirse en un texto llamado a trascender.
sábado, 26 de mayo de 2012
Ejercicios de escritura
Los textos que aparecen a continuación son el resultado de algunos ejercicios realizados u orientados en la clase de Lengua Castellana. Parten de la creatividad, el ingenio y la capacidad verbal de los estudiantes y de un pequeñísimo impulso de la profe.
LOS VERSOS DE 10º2
Sin título
No pereceré en el sol,
No pereceré en el viento,
En el fuego, en el cielo,
En el horizonte, como él se perdió entre bosques,
Bosques espesos y de grises nubes,
Que se fundieron sin ningún sonido,
Sin ningún gemido, sin ningún
porqué.
Y Yo en este sitio,
Con mi espíritu imperecedero,
Dije, digo y diré...
No pereceré.
(Luisa Fernanda Álvarez "Lui")
jueves, 4 de agosto de 2011
Obras literarias recomendadas
- A sangre fría – Truman Capote
- Alina suplicante - Juan Gabriel Vásquez
- Angelitos empantanados - Andrés Caicedo
- Barrabás - Par Lagerkvist
- Cien años de soledad - Gabriel García Márquez
- Cóndores no entierran todos los días - G. A. Gardeazábal
- Confesiones de una máscara - Yukio Mishima
- Contante y sonante - Kate Cann
- Crimen y castigo - Fiódor Dostoyevski
- Crónicas marcianas - Ray Bradbury
- Cuatro años a bordo de mí mismo – Eduardo Zalamea Borda
- Cuento de navidad - Charles Dickens
- Cumbres borrascosas – Emily Bronte
- Del amor y otros demonios - G.G. Márquez
- Delirio - Laura Restrepo
- El acoso – Alejo Carpentier
- El amante de Lady Chaterley – D. H. Lawrence
- El barón rampante – Italo Calvino
- El camino de El Dorado - Arturo Uslar Pietri
- El cartero de Neruda - Antonio Skármeta
- El color púrpura - Alice Walker
- El elogio de la madrastra - Mario Vargas Llosa
- El espejismo – Naguib Mahfuz
- El evangelio según Jesucristo - José Saramago
- La peste - Albert Camus
- El jugador – Fedor Dostoievsky
- El lobo estepario - Herman Hesse
- El olvido que seremos - Héctor Abad Faciolince
- El otoño del patriarca – Gabriel García Márquez
- El pez en el espejo - Alberto Duque López
- El reino de este mundo - Alejo Carpentier
- El siglo de las luces – Alejo Carpentier
- En diciembre llegaban las brisas - Marvel Moreno
- Érase una vez el amor pero tuve que matarlo-Efraim MedinaReyes
- Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón – Alba Lucía Ángel
- Eugenia Grandet – Honoré de Balzac
- Eva Luna – Isabel Allende
- Frankenstein - Mary Wollstoncraft Shelley
- Gabriela, clavo y canela - Jorge Amado
- I love you putamente - Esteban Carlos Mejía
- Ilona llega con la lluvia - Álvaro Mutis
- Jugar a matar - Marcelo Birmajer
- La casa de las bellas durmientes - Yasunari Kawabata
- La dama de las camelias – Alejandro Dumas
- La insoportable levedad del ser - Milan Kundera
- La letra escarlata - Nathaniel Hawthtorne
- La línea de sombra – Joseph Conrad
- La muerte en Venecia - Thomas Mann
- La náusea - Jean Paul Sartre
- La piel de Zapa - Honorato de Balzac
- La seducción del minotauro - Anais Ninn
- Las desventuras del joven Werther - Goethe
- La multitud errante - Laura Restrepo
- Lolita - Vladimir Nabokov
- Los premios - Julio Cortázar
- Los pasos perdidos – Alejo Carpentier
- Madame Bovary - Gustave Flaubert
- Mientras llueve - Fernando Soto Aparicio
- Pantaleón y las visitadoras – Mario Vargas Llosa
- Papá Goriot - Honoré de Balzac
- Pedro Páramo – Juan Rulfo
- ¡Que viva la música! - Andrés Caicedo
- Rayuela - Julio Cortázar
- Satanás - Mario Mendoza
- Solitario de amor - Cristina Peri Rossi
- Sobre héroes y tumbas – Ernesto Sábato
- Tiempos difíciles – Charles Dickens
- Tortilla Flat - John Steinbeck
- Un mundo feliz - Aldous Huxley
- Viviendo juntos - Kate Cann
martes, 14 de junio de 2011
Escribiendo con los Grandes Cuentistas
El siguiente enlace te lleva a conocer algunos elementos clave empleados por grandes maestros del cuento:
Escribiendo con E. A. Poe, los Hermanos Grimm, H. P. Lovecraft, Anton Chéjov y Horaico Quiroga.
Escribiendo con E. A. Poe, los Hermanos Grimm, H. P. Lovecraft, Anton Chéjov y Horaico Quiroga.
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